El proceso de manicura es bastante estándar: se liman las uñas, las cutículas se recortan, se lavan e hidratan las manos y, en algún momento, nos dejan las puntas de los dedos en “remojo” (literal) en un recipiente con agua tibia y alguna sustancia jabonosa. Pero… lo que parece ser una inofensiva -e incluso relajante- parte del proceso, en realidad está haciendo más daño que bien a nuestras uñas.



Las uñas en remojo: no, no y no

Varias expertas en manicura y nail art comentan que sumergir las uñas en agua antes de aplicar el esmalte, afecta negativamente su vida útil. ¿Por qué? Dado que las uñas son muy porosas, eso hace que absorban diez veces (si, leyeron bien, diez veces!) más agua que la piel. Entonces, cuando eso sucede, las uñas se expanden. Tengamos en cuenta que, como lleva veinticuatro horas a las uñas volver a la “normalidad” (es decir, que estén bien secas), el esmalte y nuestras uñas se ven fantásticos los primeros dos días… hasta que las uñas se secan y contraen, y entonces el esmalte comienza a “saltarse” o despegarse.


Y no sólo eso, sino que el remojo también puede afectar la salud de las uñas. El agua hace que las cutículas se estiren o tornen muy elásticas, y debido a esto, es muy probable que se dañen fácilmente durante la manicura.


La manicura se está modernizando

Entonces, ¿todo este tiempo mantuvieron esto en secreto, conspirando contra nuestras uñas? Bueno, no exactamente. La realidad es que los salones continúan con una forma de manicura tradicional (y bastante obsoleta) debido a que la industria cosmética ha desarrollado productos para tratamientos y técnicas sobre la piel húmeda (uñas cutículas mojadas). En otras palabras: la industria de las uñas en realidad no ha avanzado en este sentido, y además es probable que nos resultase raro si un día en el servicio de manicura ya no nos dejasen los dedos en remojo…

También es cierto que las profesionales siguen con el hábito de mojar las uñas, ya que es una forma rápida de suavizar las cutículas antes de recortarlas. Sin embargo, el simple hecho de que ha sido durante mucho tiempo parte de la rutina de la manicura, no significa que sea algo bueno o que se esté haciendo algo bien. Por eso, llegan algunos vientos de cambio, para trabajar de manera más efectiva ("work smarter, not harder"): en lugar de sumergir las uñas en agua, se recomienda usar un aceite nutritivo para uñas y un serum para cutículas, que deja las cutículas más flexibles y lo suficientemente fuertes como para resistir pequeños desgarros.

Por supuesto, eliminar el “remojo” no va a impedir la frustración que nos provoca que el esmalte se “salte” apenas pongamos un pie fuera del salón, pero al menos no contribuirá a que suceda tan rápido!

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